lunes, 22 de junio de 2015

Frigorífico y Ferrocarril

Cuando la comunidad de Gualeguaychú se lo ha propuesto ha conseguido grandes cosas. Uno de sus grandes logros fue sin duda la concreción del Frigorífico Gualeguaychú, empresa de capitales locales que surgió para hacer frente al monopolio británico en ese rubro. Es así que el comienzo del siglo XX va a encontrar a gualeguaychuenses resistiendo e innovando, sumergidos en una empresa que cambió la vida y la fisonomía de la ciudad. Este tan alto emprendimiento se vio favorecido e incentivado gracias también a la presencia del Ferrocarril y es por eso que en esta oportunidad vamos a hacer una breve reseña sobre la relación que tuvo nuestra estación de trenes con los comienzos del Frigorífico para en otra ocasión ampliar más sobre las relaciones que tuvieron estos dos grandes motores de la economía de Gualeguaychú y de la región.




Año 1923. En Gualeguaychú se estaba organizando la Asamblea del 29, como la llamaban los medios periodísticos de la época a la reunión que se iba a llevar a cabo por los ganaderos en defensa de sus intereses en contra de la explotación que sufrían por parte de los capitales extranjeros. Dicha Asamblea fue tan bien aceptada que se sumaron representantes de diferentes localidades, tanto nacionales como internacionales y en la recepción de tan importante cantidad de delegaciones y por quedar la ciudad de Gualeguaychú desbordada en su capacidad de alojamiento es que se suma la Estación de Trenes. Es por esto que extraemos los siguientes párrafos.

…”En consideración al crecido número de representantes que llegarían a esta ciudad y la reducida capacidad de los hoteles existentes en esa época (“Hotel Comercio” “Gran Hotel París” “Fonda de Wilson” “Restaurante Boretto” “Fonda de Don Martín Lavayen”) se habilitan casas particulares para su alojamiento.
La Empresa de “Ferrocarriles de E. Ríos” hoy “General Urquiza” prevé el estacionamiento de coches dormitorios en la estación local con el mismo fin.
Desde Buenos Aires se despacha un tren expreso con el nutrido contingente de representantes del quehacer ganadero a los que se suman enviados especiales de los más importantes diarios porteños”…

…”La primera en hacerse presente es la delegación uruguaya que se hospeda en la casa cedida por el Sr. Gustavo De Deken y lo hace el día 27.
La que proviene de la Pcia. De Buenos Aires llega el día 29 a las 13 a nuestra estación de Ferrocarril en “tren expreso” con setenta pasajeros. Es recibida por numeroso público y la banda de música del Regimiento 10 con asiento en Gualeguaychú. En manifestación se dirigen al local de la “Liga Patriótica” donde tiene su asiento la Comisión Organizadora de la Asamblea”…


Texto extraído del libro “Historia viva de Gualeguaychú

Recopilación motivada por la Fundación Federico Guillermo Bracht, año 1987
De la categoría Residentes con o sin publicación de trabajos anteriores
Capítulo A – “Antecedentes de la fundación del Frigorífico Gualeguaychú
Trabajo realizado por: René Bortairy de Rébori y Ángela Catalina Ferrari de Bértora

Un especial agradecimiento a Martha Latorre, por su invaluable y cálida colaboración.

Dardo Campoamor, 22 de Junio de 2015 


jueves, 28 de mayo de 2015

Resumen de la Historia del Museo Ferroviario Gualeguaychú - 2da Parte

Finalizando la década de 1990 y comenzando el siglo XXI las perspectivas del Museo Ferroviario de la ciudad de Gualeguaychú eran poco menos que verse como chatarra amontonada que obstaculizaba o molestaba, sobre todo porque en ese lugar donde otrora las imponentes formaciones de trenes transportaran personas y bienes, en ese mismo lugar, ya en los últimos tiempos del siglo XX, era destinado al carnaval y "tanto lujo" que convocaba a miles de personas (parecía) no se merecía un escenario tan lamentable en sus puertas. Otra vez el rescate y la puesta en valor iba a depender de un grupo de personas y hay que destacar esto porque es evidente que como comunidad debemos hacernos cargo de lo que nos pertenece para que perdure y nos represente. La historia de este Museo sigue hasta nuestros días y gracias a Semanario podemos contarla fuera del mismo.



Lo que sigue es lo que Enrique Aagaard denominó la segunda etapa del Museo. Podemos decir que la primera estuvo cargada de entusiasmo, improvisación, viajes, búsquedas, amor, nostalgia y pasión. La segunda etapa fue la toma de conciencia, la revalorización, la apuesta a futuro, la reconstrucción y el embellecimiento de un lugar bello por su historia que no es más ni menos que nuestra historia. Claro que con estas apreciaciones puedo cegar algunos puntos históricos - emocionales del fenómeno que fue y es el Museo Ferroviario y por esto, lo más atinado sería nombrar a las principales personas que hicieron de la reinauguración de este espacio histórico – cultural, posible.
A medida que avanzaron los trabajos las fechas se van haciendo más claras gracias a los registros. Para muchas cosas hay que recurrir a la memoria de los protagonistas, pero podemos poner como fecha importante, la que recuerda Enrique, el día 25 de Mayo de 2006 cuando Adolfo Quintana hizo de nexo entre Silvio Leuze, encargado entonces del Parque de la ex Estación (corsodromo) con el ferroviario.
Para esta fecha la restauración del Museo estaba en marcha y la locomotora fue la primera en recibir limpieza, arreglos y pintura. El día 26 de Mayo se reúnen y acuerdan los pasos a seguir para la restauración. Silvio tenía la iniciativa, el personal y los recursos y Enrique, junto con Hipólito Nóbile, la experiencia para el asesoramiento. Estos son nombres que debemos recordar porque estas personas con su decisión dejaron a la comunidad algo muy valioso. Las nuevas generaciones, en cualquier rincón del Museo, pueden traer a familiares lejanos en el tiempo mediante anécdotas, recuerdos y relatos haciendo presente a abuelos, abuelas, tíos, tías, vecinos y vecinas, etc. Cuestión fue que se pusieron a trabajar y en esos trabajos se preocuparon por revivir viejos anhelos, pero también buscaron cambiar algunas cosas para mejorar el Museo, el cual había quedado casi en el completo olvido por lo que tenía faltantes y roturas, para esto hubo que reemplazar piezas y otras hubo que hacerlas desde cero y para lograrlo fue fundamental el conocimiento de los ferroviarios. También fue esencial ese conocimiento para los trabajos que se realizaron con el objetivo de mover la locomotora unos metros más adelante y esto tuvo varios motivos. Primero, como ya contamos, la locomotora fue emplazada como única pieza y con ella se inauguró el Museo en 1984, por eso la morocha vaporera estaba en el centro de la extensión de vía y dejaba al Coche Comedor muy poco espacio, por tal motivo éste se encontraba casi al borde de la vía, apoyada su parte trasera contra el tejido perimetral. Para la tarea de adelantar la locomotora se llevaron adelante varios trabajos, se liberó la locomotora del vagón que estaban simulando una formación de tren y se desmontaron las bielas, dejando las ruedas libres para que la máquina pudiera rodar. Con esto se individualizó la locomotora del vagón y se generó en el medio un espacio para la mejor circulación del público visitante. A la locomotora le cambiaron chapas, le colocaron piezas faltantes, entre las que estaba el silbato perdido, se volvieron a ensamblar las bielas, se pintó y luego (como acto simbólico) se encendió fuego en la caldera. Luego empezaron los trabajos en el Coche Comedor 5462 para lo cual se solicitó la ayuda de otros empleados municipales entre los que había, carpinteros, herreros, pintores, electricistas, tapiceros, etc.
Este lujoso vagón de pasajeros, por ser de madera, tenía muchas más roturas y además su interior estaba violentado con vidrios rotos, faltantes de piezas claves e irrecuperables y el mencionado desgaste por la falta de mantenimiento. Los trabajos fueron intensos, ya se había ido el año 2006 y el 2007 estaba avanzado, los ferroviarios trabajaban de acuerdo a sus posibilidades y sus herramientas y el personal municipal de las distintas áreas tenía otras tareas e incluso muchas veces solo le dedicaron las horas extras al Museo, quedando una o dos personas trabajando permanentemente. Así llegamos al día 29 de septiembre de 2007, fecha que se eligió para la reinauguración ya que el Coche Comedor estaba terminado, como así también el resto de piezas del Museo emplazadas alrededor del vagón y la locomotora, entre los que se encuentran la Zorra tipo bomba, el Triciclo de vía o Velocípedo, el Bogie tipo araña, un Pulsometro (bomba de agua que funcionaba a vapor), un motor bombeador de fuel oil también a vapor, carritos Decauville, un encarrilador de doble mano, la Cruz de San Andrés, la Torre de señales, piezas a las que se les fueron agregando luego la campana de la estación, el nomenclador, la balanza, el kilómetro 311, el banco antiguo de la estación, entre otros.
Para terminar con este breve relato de lo que fue y es el Museo Ferroviario de nuestra ciudad solo queda destacar que desde su reinauguración a la fecha se ha venido trabajando con el objetivo que enriquecer esta institución y año a año el Museo crece en material y en importancia pero ahora ya no es de un grupo de personas visionarias e inquietas que hace más de treinta años supieron entender lo importante que era esto para nosotros, no es de un grupo de personas más contemporáneos ellos con nosotros que tuvieron el valor y la sensibilidad para hacerse cargo de revalorizar este reducto histórico, de ahora en más y para que no cometer los mismos errores al Museo lo tenemos que ver como lo que ha sido siempre, nuestro patrimonio, nuestro pedacito de historia, de memoria y además un lugar abierto para cultivarnos, para conocer más y sorprendernos con todo lo que tuvo y tiene Gualeguaychú. Cada persona que pisa el Museo deja algo y se lleva mucho más, desde septiembre del año 2007 a la fecha el tipo de visitante ha ido cambiando, primero eran más turistas que vecinos, hoy en día es al revés y es muy grato escuchar la expresiones de sorpresa y alegría cuando encuentran, detrás de la “Casa rosada” una pequeña plazoleta con mucho para contar.


CONTINÚA...

Dardo Campoamor, 28 de Mayo de 2015

martes, 19 de mayo de 2015

Resumen de la Historia del Museo Ferroviario Gualeguaychú - 1ra Parte

En La Revista de Gualeguaychú "Semanario" - Año 3 - Abril 2015 N°37 se publicó una nota sobre el Museo Ferroviario titulada Un espacio donde yace la historia reciente. En esta publicación va nuestro agradecimiento a Semanario y al periodista Rubén Skubij por acompañarnos y alcanzarle hasta lugares muy lejanos del Museo la historia del mismo.


Primera parte del texto:

Para describir al Museo Ferroviario de Gualeguaychú podríamos utilizar la siguiente definición:
“Es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.” 

Pero si comparamos esta definición con lo que le pasaba a quienes conformaron la Comisión Pro Museo Ferroviario, allá por agosto de 1984, simplemente parecerían muy frías pues está claro que el ferrocarril con más de cien años en nuestra ciudad tiene mucha historia que contar y para eso es loable el haber creado un Museo, pero resulta que este Museo no nació de una decisión gubernamental o de la motivación de una gran masa de personas ni tampoco el ferrocarril se estaba yendo de Gualeguaychú. El Museo Ferroviario de nuestra ciudad nació por el sentimiento y la pasión de un grupo  de vecinos (entre lo que había ferroviario y no ferroviarios) que fueron testigos de un acontecimiento que a la historia misma del Tren se le escapa o por lo menos queda tapado por otros sucesos. Resulta que el día 10 de junio de 1983 de la Estación de trenes de Gualeguaychú, a las 10:00 de la mañana, partía con destino Basavilbaso la locomotora N°85 cerrando ese día los servicios oficiales a vapor de las grandes líneas ferroviarias argentinas, ese sistema que comenzó un 30 de agosto de 1857 terminaba en nuestra ciudad. Ese día un grupo reducido de personas, concientes de lo que eso significaba sumado al cariño por las vaporeras deciden que deben recuperar para Gualeguaychú al menos el recuerdo de los tiempos del silbato a vapor anunciando llegadas o partidas; los tiempos del penacho de humo coronando a las morochas que resoplaban en los andenes ansiosas por viajar. Nuestra ciudad les debe un eterno agradecimiento a estos hombres que tuvieron la visión y la valentía para emprender solos la aventura que significó el rescate del material rodante que hoy está emplazado detrás de la vieja estación.

Primero se procuró conseguir la locomotora N°85 la cual fue negada porque todavía estaba en funcionamiento (hoy está oxidada en Concepción del Uruguay), luego la búsqueda los llevó hasta la N°81, descarrilada y accidentada desde 1981 en Posadas (Misiones) la cual fue cedida después de muchas tratativas porque había que remolcarla hasta acá. Los relatos sobre la llegada de la Locomotora N°81 son muchos y coinciden en la desilusión que se llevaron al verla porque no había simplemente descarrilado, sino que estaba maltratada (incluso Enrique Aagaard menciona que no sabían si aceptarla o no), el descarrilo fue en un puente alcantarilla por lo que la estructura estaba seriamente dañada, tenía faltantes de piezas  y además había sufrido una inundación razón por la cual el óxido era avanzado. La restauración de la 81 llevó meses en el Galpón de máquinas, donde los trabajos estuvieron a cargo de Enrique Aagaard, quien fuera el último jefe encargado de la restauración y mantenimiento de las locomotoras a vapor. Al fin, luego de mucho trabajo y de viajes en el medio para conseguir piezas de repuestos, se pudo inaugurar el Museo el 24 de noviembre de 1984 con una locomotora impecable y solitaria porque las demás piezas fueron incorporándose al Museo con el transcurso del tiempo. Esta apretada síntesis de la locomotora que hoy engalana al Museo no es más que un ejemplo ya que cada pieza del mismo, cada rincón, cada documento que hoy guarda el Coche Comedor 5462 tienen una historia similar y es por eso que su valor es enorme. Al caminar por el Museo, los visitantes van despertando momento gracias a los recuerdos o por medio de la imaginación porque las piezas parecen congeladas desde hace cien o más años pero así también como hoy cualquiera puede disfrutar de un viaje al pasado, viaje que se renueva ya que además esta institución va creciendo y ampliando su material, hay que decir que no ha sido fácil para el Museo porque su historia nos cuenta  que sufrió como ningún otro un prolongado abandono en el cual fue tratado por algunos funcionarios de esa época como “un montón de trastos que han quedado a la intemperie” (según palabras textuales a un periódico local del entonces Director de Museos municipales) más preocupados por la imagen negativa que daba a los turistas que paseaban por el nuevo corsodromo que por recuperar un patrimonio cultural e histórico para la ciudad.

Es así que en los años que siguieron, dos ferroviarios que estuvieron presentes desde los primeros días del Museo, comenzaron a peregrinar por los distintos medios de comunicación denunciando el abandono, desamparo y la desidia que abrazaban a la institución por aquellos tiempos en los que finalizaba la década del noventa y comenzaba el siglo XXI. Varios fueron los artículos periodísticos que se publicaron en diarios y otros que fueron emitidos por radio y por televisión, los cuales no tuvieron el eco deseado y mientras tanto el Museo seguía perdiendo piezas tanto por robos como por el mismo paso del tiempo. Los diarios titulaban “El Museo ferroviario pierde piezas irrecuperables por actos vandálicos”; “El vagón del Museo Ferroviario se convirtió en un ¨ gallinero ¨, por el abandono”; etc. De esta manera la locomotora N°81 con más de un millón de kilómetros recorridos y el Coche Comedor 5462 en el cual se habían apostado las esperanzas de construir dentro una biblioteca, veían pasar el tiempo encerrados por un cerco perimetral que lo único que hacía era aislarlos, lejos de cumplir con la función de proteger, y el Museo se iba adentrando así en la nebulosa espesa del olvido colectivo. Ese bullicio en las vías escenográficas de aquel 24 de noviembre de 1984 se había apagado y lejos estaba la decisión política municipal de reflotarlo.



CONTINUARÁ...

Dardo Campoamor, 19 de Mayo de 2015

viernes, 13 de marzo de 2015

Piezas del Museo



Si hablamos del Museo Ferroviario y comenzamos diciendo: “La locomotora N°81 piedra fundamental del Museo” muchos podrán decir: “yo anduve en una locomotora a vapor o en un tren tirado por una de ellas” o “Yo veía pasar a las vaporeras frente a mi casa” o rememorar el estridente sonido de sus silbatos. Si hablamos del Coche Comedor 5462 de principios del siglo 20, construido en hierro y madera también muchos recordarán ese tipo de servicio, con sus mesas sus butacas, su cocina a leña y heladera a barra de hielo y lo mismo si comentamos sobre la zorra bomba, el triciclo de vía o velocípedo pero si por si acaso nombráramos una “Válvula de intercepción bajo control de palanca” ¿Qué podríamos encontrar sobre esto en el mundo ferroviario? Para responder esta pregunta es que hemos publicado este artículo y también para mostrar uno de los elementos del Museo que casi siempre pasa desapercibido. Como este hay muchas piezas más que iremos compartiendo y contando un poco su historia.


 Dardo Campoamor, 13 de Marzo de 2015

jueves, 19 de febrero de 2015

Coche Comedor 5462 – Aniversario


 


Los aniversarios son así, podríamos hablar cualquier día del vagón Coche Comedor que hoy está emplazado en el Museo, pero elegí este día aprovechándome del dato rígido de la fecha para que se calcule la cantidad de años que hace que tenemos esta pieza histórica. Para ser exactos tenemos que decir que el día miércoles 19 de febrero de 1986 Pedro Nuncio Zorzet, entonces Jefe División Control Reaprovisionamiento, firmaba que el Coche Comedor 5462 era cedido al Museo Ferroviario de Gualeguaychú. 
El documento que certifica este dato está guardado en el Museo y no lo público, no porque pregono esto de que la palabra es un documento, más bien es porque mi intención es no referirme a los datos duros y cuantificables, sino al valor del Coche por lo que el Coche es hoy. Primero podríamos decir que cualquier despistado opinaría que el Coche Comedor es el segundón del Museo, detrás de la Locomotora Nº 81, no solo por posición física o por cronología, sino también por valor simbólico, pero esos despistados son también los que nunca se arrodillan a estudiar las vías, con sus rieles y sus durmientes, valdría más e incluso sería más llamativo que la locomotora estuviera suspendida en el aire, sin embargo sin vías no hay tren pero no desvirtuemos este artículo transformándolo en una especie de marcha de silencio por las piezas menospreciadas, subestimas u olvidadas y dejemos que en última instancia eso quede en la valoración matizada de cada uno sabiendo que quienes visitan el Museo vengan cuantas veces vengan y sepan cuanto sepan, siempre se van a encontrar con un rincón que los va a sorprender.
Volviendo al Coche Comedor 5462 que hoy está cumpliendo 29 años desde que fue emplazado en el Museo, tenemos que destacar su importancia por ser irremplazable ya que al ser este Museo carente de edificio (por añadidura de baños también) este vehículo construido en madera en los albores del siglo XX por (según placa) The Bristol Wagon & Carriage Works C° Lª Bristol cumple la función de guardar aquellas pequeñas piezas del rompecabezas que llamamos historia de los ferrocarriles en Gualeguaychú (algunas sin una clara conexión todavía) como son herramientas, partes de locomotoras, de vagones, de la estación misma, fotografías, documentos como cartas del ferrocarril, libros técnicos e históricos, maquetas ilustrativas, artículos publicados en diarios, placas, archivos digitales y muchas cosas más pero además este vagón, este coche de pasajeros guarda algo tan invaluable como impalpable, es algo invisible en general pero absolutamente contundente en lo particular por cuanto hay personas que al ingresar encuentra en él algo que les roba una lágrima, un suspiro o una sonrisa. Esas cosas no se la sumamos nosotros, ya las trajo el Coche de algún lugar y es en virtud de esto que no quise detenerme demasiado en datos positivamente contrastables ni tampoco me puse a recordar la anécdota de cómo se consiguió este Coche para el Museo, como tampoco es necesario adornar este escrito con demasiadas fotografías porque lisa y llanamente y para que sea justo para todos, lo que hay en este Coche Comedor 5462 hay que venir a vivirlo.



 
Dardo Campoamor, 19 de Febrero de 2015

viernes, 30 de enero de 2015

Desde el FCER hasta hoy



En este mundo de cambios constantes, hay días en los que es verdaderamente difícil mantenerse en un tiempo cronológico mientras el tiempo histórico se revela rompiendo las barreras del otro ya sea por un hecho puntual o por una fecha significativa. Es complicado entender esto si antes no entendemos que nuestro presente es un producto del pasado que tiene las respuestas a muchas cosas que hoy nos pasan. Tranquilo en mi casa del siglo XXI recibo un mensaje del siglo XIX el cual voy a transcribir de forma textual:

Luís Benítez <+54911********>
“Buenas tardes, estimado Sr. Campoamor. Le comento por este medio, que los británicos se quedaron hoy con la operación del FCCER. En los próximos trenes, que lleguen a Gualeguaychú. Serán operados por The Entre Ríos Railways Company. Me informaron, hoy vía telégrafo, desde Paraná. Mañana lo visitaré en su oficina. Saludo atte. Luís Benítez.
19:53, 29 ene.”

Como el mensaje terminaba así, yo calculé que el año de envío debió ser 1892 lo que fue confirmado por el segundo mensaje que decía lo siguiente:

Luís Benítez <+54911********>
“Estimado Sr. Campoamor espero que dentro de 123 años, nuestros ferrocarriles no estén más en manos extranjeras, antes prefiero el libertinaje y la chusma, antes que nuestros ferrocarriles en manos extranjeras. Un abrazo y lo veo mañana.
19:56, 29 ene.”

Me puse a leer porque la información que me enviaba era muy precisa y además traía una esperanza, un deseo, un sentimiento al cual no iba a poder responder de manera satisfactoria porque todos sabemos (con más o menos detalles) la suerte que corrieron los ferrocarriles en esta zona.
Luís iba a saltar 123 años en un día con una probable sonrisa y yo en ese mismo día tenía que recorrer más de sien años de historia para encontrar una explicación al porqué nunca se pensó en serio la propuesta del Dr. Torcuato Gilber (1888)

…”Es un problema ya resuelto por la economía política, que la facilidad de viajar aumenta el número de pasajeros.
Existiendo esta Línea (FCCER) con todos sus empleados, con su capital invertido, con todos sus gastos, el poner un tren diario entre ambas ciudades (Paraná – C del Uruguay) no originaría más gastos que el aumento de algunas toneladas de carbón quemado.
Creemos que no debe limitarse el movimiento del Ferrocarril.
Es necesario hacer marchar uno diariamente, aunque los primeros días vayan vacíos.
Es necesario hacer acostumbrar al público a los viajes, ofreciéndoles oportunidades frecuentes.” (1)

O porqué se desnaturalizó la visión localista, la de entendernos como una provincia rodeada de ríos que nos da el nombre y la identidad. Que razón hubo para restarle importancia a las dos vías principales de comunicación, el río Uruguay y el río Paraná, nosotros hijos ribereños alimentados por este suelo rodeado de agua al cual los Chanás lo entendían como su Diosa Tierra atravesada por los ríos como la sangre vital que le daba vida a todo y la única manera de entender el cambio de perspectiva es la presencia de una visión extranjera. Fue así que el FCCER naciera de este a oeste rompiendo el esquema tradicional de norte a sur o mejor dicho, de cualquier punto hacía el puerto de Buenos Aires. Fue así que la provincia de Entre Ríos viera al ferrocarril como un medio auxiliar o complementario al transporte fluvial porque era una visión natural de las cosas.
Muchas pueden haber sido las razones por las cuales se cambia de rumbo y el sentido de este a oeste se transforma en una vía troncal de norte a sur (de norte hacía el puerto de Buenos Aires) La razón es lo que informa Luís cuando dice que el FCCER fue vendido a The Entre Ríos Railways Company (FCER) pero llegar a esta venta debió haber tenido sus razones como, quizás, la inexperiencia, errores administrativos, el clima que no ayudó por haber sido los años 1888 y 1889 muy lluviosos con roturas de vías y consiguientes cortes en los servicios de carga y de pasajeros, también la presión extranjera y el vasallaje de los gobernantes de esos años con la principal potencia de entonces, Inglaterra, (seguramente fue lo que vio Luís hace 123 años para temer lo que, con algunos matices, luego sucedió) Porque los ingleses ya habían entendido al ferrocarril como, pongámoslo en palabras de Raúl Scalabrini Ortiz en su libro “Historia de los Ferrocarriles Argentinos” cuando dice: “El ferrocarril fue el mecanismo esencial de esa política de dominación mansa y de explotación sutil que se ha llamado imperialismo económico.” (2)

La verdad es que no voy a poder explicar muy bien como una empresa provincial con clara visión de comunicación acorde con su realidad fue vendida a los ingleses para pasar a ser parte de esa red o tejido o urdimbre trazada por la potencia inglesa para asegurarse el dominio económico, para de manera oculta quedarse con tierras cuyos habitantes creían que eran libres, que eran Estado independiente, que se habían liberado del colonialismo. Esa misma red que cumplió con su misión hasta 1948 cuando fue la nacionalización de los ferrocarriles, el golpe de Estado de 1955 y otra vez con caídas, levantadas, líneas cerradas, corrupción, el Plan Larkin y la Huelga de 1961, cierre de más líneas, reorganización nacional, intervención de los sindicatos, Guerra de Malvinas, neoliberalismo, concesiones y privatizaciones, “ramal que para, ramal que cierra… 1994 cierre de la Estación de trenes de Gualeguaychú… corsodromo. 123 años después no hay trenes nacionales, no hay trenes británicos, no hay trenes.

¿Qué le puedo decir a Luís? Yo pienso que cuando Luís pise el cruce entre calle Maipú y Maestra Piccini no me va a quedar otra que citar a J. P. Sartre y decirle: “Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”. Sabiendo que tenemos memoria y ganas de transformar las cosas.

Citas 
  • (1) Carlos D. A. Waigandt. F. C. Central Entre - Riano, Vía libre hacia la historia. Ediciones del Cle 2009 (pag 53).
  • (2) Raúl Scalabrini Ortiz. Historia de los Ferrocarriles Argentinos. Editorial Lancelot 2009 (pag 22).
Fuentes
  • Archivos del Museo Ferroviario de Gualeguaychú.
  • Carlos D. A. Waigandt. F. C. Central Entre - Riano, Vía libre hacia la historia. Ediciones del Cle 2009.
  • Raúl Scalabrini Ortiz. Historia de los Ferrocarriles Argentinos. Editorial Lancelot 2009.
  • Revista "Todo Trenes - Extra". Año 8 N°50 - Junio 2007. 
Dardo Campoamor, 30 de Enero de 2015  

miércoles, 21 de enero de 2015

Los nuevos folletos del Museo

Estos son los nuevos folletos del Museo Ferroviario de Gualeguaychú impresos gracias al aporte de la Asociación de Amigos del Museo. En este caso figura en los folletos los horarios de Verano que cambiaran para el mes de Marzo.



 En su interior un poco de historia acompañada de imágenes, se combinan para informar al visitante y también para quedar como lindo recuerdo de su paso por el Museo.



Es importante destacar la ayuda de la Asociación de Amigos del Museo ya que de otra forma hubiera sido muy difícil llegar a abastecer al Museo de este tipo de material que ayuda al contacto con el visitante y además le permite a la Institución viajar en otro formato y presentarse así a otras personas para que conozcan lo que Gualeguaychú tiene para mostrar en cuanto a historia, cultura, sociedad, etc.
Es muy importante que los espacios culturales - históricos, representantes de una identidad no queden olvidados en rincones a donde solo se acceda mediante la casualidad, el atino de quien visita Gualeguaychú y justo pasó por ahí, por el contrario es loable y da mucho orgullo saber que se tiene tanto para mostrar, aunque no de ganancia económica directa. Este es un granito de arena más, porciones de papel que llevan grabado un poquito de historia, parte en tinta y parte (será como una marca de agua) en el valor intangible dado por el esfuerzo de personas que ayudan desde afuera al Museo.

Dardo Campoamor - 21 de Enero de 2015