martes, 19 de mayo de 2015

Resumen de la Historia del Museo Ferroviario Gualeguaychú - 1ra Parte

En La Revista de Gualeguaychú "Semanario" - Año 3 - Abril 2015 N°37 se publicó una nota sobre el Museo Ferroviario titulada Un espacio donde yace la historia reciente. En esta publicación va nuestro agradecimiento a Semanario y al periodista Rubén Skubij por acompañarnos y alcanzarle hasta lugares muy lejanos del Museo la historia del mismo.


Primera parte del texto:

Para describir al Museo Ferroviario de Gualeguaychú podríamos utilizar la siguiente definición:
“Es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo.” 

Pero si comparamos esta definición con lo que le pasaba a quienes conformaron la Comisión Pro Museo Ferroviario, allá por agosto de 1984, simplemente parecerían muy frías pues está claro que el ferrocarril con más de cien años en nuestra ciudad tiene mucha historia que contar y para eso es loable el haber creado un Museo, pero resulta que este Museo no nació de una decisión gubernamental o de la motivación de una gran masa de personas ni tampoco el ferrocarril se estaba yendo de Gualeguaychú. El Museo Ferroviario de nuestra ciudad nació por el sentimiento y la pasión de un grupo  de vecinos (entre lo que había ferroviario y no ferroviarios) que fueron testigos de un acontecimiento que a la historia misma del Tren se le escapa o por lo menos queda tapado por otros sucesos. Resulta que el día 10 de junio de 1983 de la Estación de trenes de Gualeguaychú, a las 10:00 de la mañana, partía con destino Basavilbaso la locomotora N°85 cerrando ese día los servicios oficiales a vapor de las grandes líneas ferroviarias argentinas, ese sistema que comenzó un 30 de agosto de 1857 terminaba en nuestra ciudad. Ese día un grupo reducido de personas, concientes de lo que eso significaba sumado al cariño por las vaporeras deciden que deben recuperar para Gualeguaychú al menos el recuerdo de los tiempos del silbato a vapor anunciando llegadas o partidas; los tiempos del penacho de humo coronando a las morochas que resoplaban en los andenes ansiosas por viajar. Nuestra ciudad les debe un eterno agradecimiento a estos hombres que tuvieron la visión y la valentía para emprender solos la aventura que significó el rescate del material rodante que hoy está emplazado detrás de la vieja estación.

Primero se procuró conseguir la locomotora N°85 la cual fue negada porque todavía estaba en funcionamiento (hoy está oxidada en Concepción del Uruguay), luego la búsqueda los llevó hasta la N°81, descarrilada y accidentada desde 1981 en Posadas (Misiones) la cual fue cedida después de muchas tratativas porque había que remolcarla hasta acá. Los relatos sobre la llegada de la Locomotora N°81 son muchos y coinciden en la desilusión que se llevaron al verla porque no había simplemente descarrilado, sino que estaba maltratada (incluso Enrique Aagaard menciona que no sabían si aceptarla o no), el descarrilo fue en un puente alcantarilla por lo que la estructura estaba seriamente dañada, tenía faltantes de piezas  y además había sufrido una inundación razón por la cual el óxido era avanzado. La restauración de la 81 llevó meses en el Galpón de máquinas, donde los trabajos estuvieron a cargo de Enrique Aagaard, quien fuera el último jefe encargado de la restauración y mantenimiento de las locomotoras a vapor. Al fin, luego de mucho trabajo y de viajes en el medio para conseguir piezas de repuestos, se pudo inaugurar el Museo el 24 de noviembre de 1984 con una locomotora impecable y solitaria porque las demás piezas fueron incorporándose al Museo con el transcurso del tiempo. Esta apretada síntesis de la locomotora que hoy engalana al Museo no es más que un ejemplo ya que cada pieza del mismo, cada rincón, cada documento que hoy guarda el Coche Comedor 5462 tienen una historia similar y es por eso que su valor es enorme. Al caminar por el Museo, los visitantes van despertando momento gracias a los recuerdos o por medio de la imaginación porque las piezas parecen congeladas desde hace cien o más años pero así también como hoy cualquiera puede disfrutar de un viaje al pasado, viaje que se renueva ya que además esta institución va creciendo y ampliando su material, hay que decir que no ha sido fácil para el Museo porque su historia nos cuenta  que sufrió como ningún otro un prolongado abandono en el cual fue tratado por algunos funcionarios de esa época como “un montón de trastos que han quedado a la intemperie” (según palabras textuales a un periódico local del entonces Director de Museos municipales) más preocupados por la imagen negativa que daba a los turistas que paseaban por el nuevo corsodromo que por recuperar un patrimonio cultural e histórico para la ciudad.

Es así que en los años que siguieron, dos ferroviarios que estuvieron presentes desde los primeros días del Museo, comenzaron a peregrinar por los distintos medios de comunicación denunciando el abandono, desamparo y la desidia que abrazaban a la institución por aquellos tiempos en los que finalizaba la década del noventa y comenzaba el siglo XXI. Varios fueron los artículos periodísticos que se publicaron en diarios y otros que fueron emitidos por radio y por televisión, los cuales no tuvieron el eco deseado y mientras tanto el Museo seguía perdiendo piezas tanto por robos como por el mismo paso del tiempo. Los diarios titulaban “El Museo ferroviario pierde piezas irrecuperables por actos vandálicos”; “El vagón del Museo Ferroviario se convirtió en un ¨ gallinero ¨, por el abandono”; etc. De esta manera la locomotora N°81 con más de un millón de kilómetros recorridos y el Coche Comedor 5462 en el cual se habían apostado las esperanzas de construir dentro una biblioteca, veían pasar el tiempo encerrados por un cerco perimetral que lo único que hacía era aislarlos, lejos de cumplir con la función de proteger, y el Museo se iba adentrando así en la nebulosa espesa del olvido colectivo. Ese bullicio en las vías escenográficas de aquel 24 de noviembre de 1984 se había apagado y lejos estaba la decisión política municipal de reflotarlo.



CONTINUARÁ...

Dardo Campoamor, 19 de Mayo de 2015

viernes, 13 de marzo de 2015

Piezas del Museo



Si hablamos del Museo Ferroviario y comenzamos diciendo: “La locomotora N°81 piedra fundamental del Museo” muchos podrán decir: “yo anduve en una locomotora a vapor o en un tren tirado por una de ellas” o “Yo veía pasar a las vaporeras frente a mi casa” o rememorar el estridente sonido de sus silbatos. Si hablamos del Coche Comedor 5462 de principios del siglo 20, construido en hierro y madera también muchos recordarán ese tipo de servicio, con sus mesas sus butacas, su cocina a leña y heladera a barra de hielo y lo mismo si comentamos sobre la zorra bomba, el triciclo de vía o velocípedo pero si por si acaso nombráramos una “Válvula de intercepción bajo control de palanca” ¿Qué podríamos encontrar sobre esto en el mundo ferroviario? Para responder esta pregunta es que hemos publicado este artículo y también para mostrar uno de los elementos del Museo que casi siempre pasa desapercibido. Como este hay muchas piezas más que iremos compartiendo y contando un poco su historia.


 Dardo Campoamor, 13 de Marzo de 2015

jueves, 19 de febrero de 2015

Coche Comedor 5462 – Aniversario


 


Los aniversarios son así, podríamos hablar cualquier día del vagón Coche Comedor que hoy está emplazado en el Museo, pero elegí este día aprovechándome del dato rígido de la fecha para que se calcule la cantidad de años que hace que tenemos esta pieza histórica. Para ser exactos tenemos que decir que el día miércoles 19 de febrero de 1986 Pedro Nuncio Zorzet, entonces Jefe División Control Reaprovisionamiento, firmaba que el Coche Comedor 5462 era cedido al Museo Ferroviario de Gualeguaychú. 
El documento que certifica este dato está guardado en el Museo y no lo público, no porque pregono esto de que la palabra es un documento, más bien es porque mi intención es no referirme a los datos duros y cuantificables, sino al valor del Coche por lo que el Coche es hoy. Primero podríamos decir que cualquier despistado opinaría que el Coche Comedor es el segundón del Museo, detrás de la Locomotora Nº 81, no solo por posición física o por cronología, sino también por valor simbólico, pero esos despistados son también los que nunca se arrodillan a estudiar las vías, con sus rieles y sus durmientes, valdría más e incluso sería más llamativo que la locomotora estuviera suspendida en el aire, sin embargo sin vías no hay tren pero no desvirtuemos este artículo transformándolo en una especie de marcha de silencio por las piezas menospreciadas, subestimas u olvidadas y dejemos que en última instancia eso quede en la valoración matizada de cada uno sabiendo que quienes visitan el Museo vengan cuantas veces vengan y sepan cuanto sepan, siempre se van a encontrar con un rincón que los va a sorprender.
Volviendo al Coche Comedor 5462 que hoy está cumpliendo 29 años desde que fue emplazado en el Museo, tenemos que destacar su importancia por ser irremplazable ya que al ser este Museo carente de edificio (por añadidura de baños también) este vehículo construido en madera en los albores del siglo XX por (según placa) The Bristol Wagon & Carriage Works C° Lª Bristol cumple la función de guardar aquellas pequeñas piezas del rompecabezas que llamamos historia de los ferrocarriles en Gualeguaychú (algunas sin una clara conexión todavía) como son herramientas, partes de locomotoras, de vagones, de la estación misma, fotografías, documentos como cartas del ferrocarril, libros técnicos e históricos, maquetas ilustrativas, artículos publicados en diarios, placas, archivos digitales y muchas cosas más pero además este vagón, este coche de pasajeros guarda algo tan invaluable como impalpable, es algo invisible en general pero absolutamente contundente en lo particular por cuanto hay personas que al ingresar encuentra en él algo que les roba una lágrima, un suspiro o una sonrisa. Esas cosas no se la sumamos nosotros, ya las trajo el Coche de algún lugar y es en virtud de esto que no quise detenerme demasiado en datos positivamente contrastables ni tampoco me puse a recordar la anécdota de cómo se consiguió este Coche para el Museo, como tampoco es necesario adornar este escrito con demasiadas fotografías porque lisa y llanamente y para que sea justo para todos, lo que hay en este Coche Comedor 5462 hay que venir a vivirlo.



 
Dardo Campoamor, 19 de Febrero de 2015

viernes, 30 de enero de 2015

Desde el FCER hasta hoy



En este mundo de cambios constantes, hay días en los que es verdaderamente difícil mantenerse en un tiempo cronológico mientras el tiempo histórico se revela rompiendo las barreras del otro ya sea por un hecho puntual o por una fecha significativa. Es complicado entender esto si antes no entendemos que nuestro presente es un producto del pasado que tiene las respuestas a muchas cosas que hoy nos pasan. Tranquilo en mi casa del siglo XXI recibo un mensaje del siglo XIX el cual voy a transcribir de forma textual:

Luís Benítez <+54911********>
“Buenas tardes, estimado Sr. Campoamor. Le comento por este medio, que los británicos se quedaron hoy con la operación del FCCER. En los próximos trenes, que lleguen a Gualeguaychú. Serán operados por The Entre Ríos Railways Company. Me informaron, hoy vía telégrafo, desde Paraná. Mañana lo visitaré en su oficina. Saludo atte. Luís Benítez.
19:53, 29 ene.”

Como el mensaje terminaba así, yo calculé que el año de envío debió ser 1892 lo que fue confirmado por el segundo mensaje que decía lo siguiente:

Luís Benítez <+54911********>
“Estimado Sr. Campoamor espero que dentro de 123 años, nuestros ferrocarriles no estén más en manos extranjeras, antes prefiero el libertinaje y la chusma, antes que nuestros ferrocarriles en manos extranjeras. Un abrazo y lo veo mañana.
19:56, 29 ene.”

Me puse a leer porque la información que me enviaba era muy precisa y además traía una esperanza, un deseo, un sentimiento al cual no iba a poder responder de manera satisfactoria porque todos sabemos (con más o menos detalles) la suerte que corrieron los ferrocarriles en esta zona.
Luís iba a saltar 123 años en un día con una probable sonrisa y yo en ese mismo día tenía que recorrer más de sien años de historia para encontrar una explicación al porqué nunca se pensó en serio la propuesta del Dr. Torcuato Gilber (1888)

…”Es un problema ya resuelto por la economía política, que la facilidad de viajar aumenta el número de pasajeros.
Existiendo esta Línea (FCCER) con todos sus empleados, con su capital invertido, con todos sus gastos, el poner un tren diario entre ambas ciudades (Paraná – C del Uruguay) no originaría más gastos que el aumento de algunas toneladas de carbón quemado.
Creemos que no debe limitarse el movimiento del Ferrocarril.
Es necesario hacer marchar uno diariamente, aunque los primeros días vayan vacíos.
Es necesario hacer acostumbrar al público a los viajes, ofreciéndoles oportunidades frecuentes.” (1)

O porqué se desnaturalizó la visión localista, la de entendernos como una provincia rodeada de ríos que nos da el nombre y la identidad. Que razón hubo para restarle importancia a las dos vías principales de comunicación, el río Uruguay y el río Paraná, nosotros hijos ribereños alimentados por este suelo rodeado de agua al cual los Chanás lo entendían como su Diosa Tierra atravesada por los ríos como la sangre vital que le daba vida a todo y la única manera de entender el cambio de perspectiva es la presencia de una visión extranjera. Fue así que el FCCER naciera de este a oeste rompiendo el esquema tradicional de norte a sur o mejor dicho, de cualquier punto hacía el puerto de Buenos Aires. Fue así que la provincia de Entre Ríos viera al ferrocarril como un medio auxiliar o complementario al transporte fluvial porque era una visión natural de las cosas.
Muchas pueden haber sido las razones por las cuales se cambia de rumbo y el sentido de este a oeste se transforma en una vía troncal de norte a sur (de norte hacía el puerto de Buenos Aires) La razón es lo que informa Luís cuando dice que el FCCER fue vendido a The Entre Ríos Railways Company (FCER) pero llegar a esta venta debió haber tenido sus razones como, quizás, la inexperiencia, errores administrativos, el clima que no ayudó por haber sido los años 1888 y 1889 muy lluviosos con roturas de vías y consiguientes cortes en los servicios de carga y de pasajeros, también la presión extranjera y el vasallaje de los gobernantes de esos años con la principal potencia de entonces, Inglaterra, (seguramente fue lo que vio Luís hace 123 años para temer lo que, con algunos matices, luego sucedió) Porque los ingleses ya habían entendido al ferrocarril como, pongámoslo en palabras de Raúl Scalabrini Ortiz en su libro “Historia de los Ferrocarriles Argentinos” cuando dice: “El ferrocarril fue el mecanismo esencial de esa política de dominación mansa y de explotación sutil que se ha llamado imperialismo económico.” (2)

La verdad es que no voy a poder explicar muy bien como una empresa provincial con clara visión de comunicación acorde con su realidad fue vendida a los ingleses para pasar a ser parte de esa red o tejido o urdimbre trazada por la potencia inglesa para asegurarse el dominio económico, para de manera oculta quedarse con tierras cuyos habitantes creían que eran libres, que eran Estado independiente, que se habían liberado del colonialismo. Esa misma red que cumplió con su misión hasta 1948 cuando fue la nacionalización de los ferrocarriles, el golpe de Estado de 1955 y otra vez con caídas, levantadas, líneas cerradas, corrupción, el Plan Larkin y la Huelga de 1961, cierre de más líneas, reorganización nacional, intervención de los sindicatos, Guerra de Malvinas, neoliberalismo, concesiones y privatizaciones, “ramal que para, ramal que cierra… 1994 cierre de la Estación de trenes de Gualeguaychú… corsodromo. 123 años después no hay trenes nacionales, no hay trenes británicos, no hay trenes.

¿Qué le puedo decir a Luís? Yo pienso que cuando Luís pise el cruce entre calle Maipú y Maestra Piccini no me va a quedar otra que citar a J. P. Sartre y decirle: “Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”. Sabiendo que tenemos memoria y ganas de transformar las cosas.

Citas 
  • (1) Carlos D. A. Waigandt. F. C. Central Entre - Riano, Vía libre hacia la historia. Ediciones del Cle 2009 (pag 53).
  • (2) Raúl Scalabrini Ortiz. Historia de los Ferrocarriles Argentinos. Editorial Lancelot 2009 (pag 22).
Fuentes
  • Archivos del Museo Ferroviario de Gualeguaychú.
  • Carlos D. A. Waigandt. F. C. Central Entre - Riano, Vía libre hacia la historia. Ediciones del Cle 2009.
  • Raúl Scalabrini Ortiz. Historia de los Ferrocarriles Argentinos. Editorial Lancelot 2009.
  • Revista "Todo Trenes - Extra". Año 8 N°50 - Junio 2007. 
Dardo Campoamor, 30 de Enero de 2015  

miércoles, 21 de enero de 2015

Los nuevos folletos del Museo

Estos son los nuevos folletos del Museo Ferroviario de Gualeguaychú impresos gracias al aporte de la Asociación de Amigos del Museo. En este caso figura en los folletos los horarios de Verano que cambiaran para el mes de Marzo.



 En su interior un poco de historia acompañada de imágenes, se combinan para informar al visitante y también para quedar como lindo recuerdo de su paso por el Museo.



Es importante destacar la ayuda de la Asociación de Amigos del Museo ya que de otra forma hubiera sido muy difícil llegar a abastecer al Museo de este tipo de material que ayuda al contacto con el visitante y además le permite a la Institución viajar en otro formato y presentarse así a otras personas para que conozcan lo que Gualeguaychú tiene para mostrar en cuanto a historia, cultura, sociedad, etc.
Es muy importante que los espacios culturales - históricos, representantes de una identidad no queden olvidados en rincones a donde solo se acceda mediante la casualidad, el atino de quien visita Gualeguaychú y justo pasó por ahí, por el contrario es loable y da mucho orgullo saber que se tiene tanto para mostrar, aunque no de ganancia económica directa. Este es un granito de arena más, porciones de papel que llevan grabado un poquito de historia, parte en tinta y parte (será como una marca de agua) en el valor intangible dado por el esfuerzo de personas que ayudan desde afuera al Museo.

Dardo Campoamor - 21 de Enero de 2015

jueves, 25 de septiembre de 2014

Gualeguaychú – Historias de su ferrocarril



A lo largo de su historia, el ferrocarril en Gualeguaychú ha ido dejando su huella en la línea del tiempo en la que se traslada desde sus inicios administrativos hasta su representación en el Museo que en alguna medida lo mantiene humeando de manera silenciosa pero trabajando todavía como medio de transporte, hoy con muchas más estaciones en su itinerario porque lleva a sus visitantes hasta el lugar del mundo y en el tiempo que ellos eligen. Ahora, si el ferrocarril mismo tuviera que detenerse en Gualeguaychú como lugar y en el mes de Septiembre como espacio temporal, tendría dos puntos como destinos especialmente marcados en esa imaginaria línea del tiempo que se está proponiendo. Podemos decir que Gualeguaychú se conecta vivamente, mediante el ferrocarril con el resto de la provincia de Entre Ríos, un 20 de Septiembre de 1890 cuando el Gobierno provincial autoriza que sea librada al servicio público. Este hecho no es menor si sabemos que el ramal a Gualeguaychú fue autorizado a ser construido un 15 de Diciembre de 1887, inaugurado el ramal un 28 de Octubre de 1889 con la llegada de la locomotora “La Parana” y con todo esto, la ciudad tuvo que esperar casi un año para ver salir un tren desde su estación por primera vez. Así Gualeguaychú empezaba a transportarse  sobre los rieles de la tercera línea ferroviaria de la provincia que ahora tenía sus dos principales ríos, que le dan vida y nombre, conectados. Las salidas y entradas por los puertos de Paraná y de Concepción del Uruguay remarcaban la esencia federal de nuestra provincia mientras que la empresa fue Ferrocarril Central Entrerriano (FCCER). Así los entrerrianos unían los dos principales sistemas de transporte de la época, el ferroviario y el fluvial.
Ahora bien, quedándonos en Septiembre como mes que nos moviliza a hablar de historia, pero acercándonos en el tiempo, abandonando un poco la necesidad de hablar del ferrocarril como una máquina de progreso y de elevada utilidad para nuestra comunidad, si abandonamos también las infinitas interpretaciones de causas y consecuencias de los inicios y del final de este sistema de transporte, si nos dedicamos más a lo emotivo, a valorar lo más bello que tiene la memoria que es dejar grabado en nosotros momentos únicos e irrepetibles de nuestras vidas, a veces tan bien grabados que nos traen sonidos u olores, entonces deberemos tener presente que Septiembre para Gualeguaychú, en materia ferroviaria, es un mes a destacar, porque fue, más precisamente un 29 de Septiembre de 2007 cuando trabajadores municipales y ferroviarios decidieron que ya estaba todo listo para reabrir las puertas del Museo Ferroviario de Gualeguaychú, inaugurado un 24 de Noviembre de 1984 pero que por distintas circunstancias cayó en el abandono y el casi total olvido que perduraron por mucho tiempo y hoy no es un simple punto que funciona como atractivo turístico, es muchísimo más, es una nueva estación de trenes que espera a sus visitantes para llevarlos, por ejemplo a su casa natal a orillas de la vía a visitar a sus padres, sus tíos, sus abuelos, bisabuelos, su barrio, sus amigos y amigas, recordar travesuras insignificantes a los ojos de cualquier respetable historiador, pero que sin embargo por más que hayan pasado más de cuarenta o cincuenta años o más, esas andanzas se convierten en expertas dibujantes de sonrisas y llenan de brillo los ojos que físicamente están en el presente pero lo que ven está muy alejado en el tiempo. Enrique Aagaard, quien cumpliera años justamente en Septiembre (quizás otro capricho del destino) dejaba estas palabras cuando narraba lo que él llamó “la segunda etapa del Museo”

…”lo poco pero valioso que exponemos será de suma utilidad para alumnos de distintas escuelas y para la comunidad cuando necesiten datos sobre el ferrocarril”…

Sin dudas hay personas que ven más allá y nos permiten valorar cosas que cuando las tenemos no las vemos. Este artículo también es un homenaje a Enrique porque gracias a él tenemos dos Septiembre para recordar y valorar.


Fuentes:
  • Archivos del Museo Ferroviario Gualeguaychú


Dardo Campoamor - 25 de Septiembre de 2014